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El Micro Huerto Familiar

Te compartimos, con el permiso de su autor, un reporte elaborado por un participante del Curso de Agricultura Biointensiva, impartido en Xochitla el año pasado, sobre cómo empleó los conocimientos adquiridos para hacer en un jardín de niños, de forma voluntaria y con la participación de profesores y alumnos, un huerto bajo el método biointensivo de producción de alimentos.

El Micro Huerto Familiar El Micro Huerto Familiar El Micro Huerto Familiar El Micro Huerto Familiar
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“El micro huerto familiar

Esta pequeña obra es un informe general de las actividades realizadas en el jardín de niños de la localidad  de San Pablo de las Salinas, Tultiltlán - Estado de México las cuales se realizaron del 9 de enero al 18 de marzo del 2012.

El huerto familiar es una parte del terreno de la casa, bien sea en el solar o jardín, que puede ser habilitado para la siembra de hortalizas y algunos árboles frutales.

Desde tiempos muy remotos y en todas las culturas, las hortalizas caseras y las pequeñas áreas cultivadas junto a las viviendas, intensamente trabajadas, han funcionado como un apoyo importante en la alimentación de la gente. Por su cuidado intensivo y la diversidad de cultivos en un espacio reducido tienden a dar mejor resultado comparado con áreas extensas de monocultivos.                         

Antiguamente el Pueblo de San Pablo de las Salinas era una zona rural en donde la mayoría de la población se dedicaba a las actividades del campo, los niños y los jóvenes estaban plenamente integrados  a las labores del campo, de esta forma, el conocimiento ancestral acerca de la producción de alimentos, era renovado y transferido de generación en generación.  Las consecuencias del progreso y la mala planeación de la urbanización, provoco la pérdida de estas prácticas  ancestrales.

Recuperar los saberes antiguos acerca del manejo sostenible del campo, enriqueciéndolos con nuevos descubrimientos de la agricultura orgánica o del cultivo biointensivo puede ser una práctica para apoyar  a las familias y a la comunidad frente a la crisis ambiental y social que estamos viviendo.

Una de las alternativas  para poder revertir la problemática de la región es tratar de introducir o recupera antiguas practicas  habilidades y comportamientos  y que mejor que comenzar con los niños y jóvenes.

Los talleres que se pueden realizar  son sobre todo prácticos en donde se trata de aprender haciendo por ejemplo la implementación de una hortaliza  escolar en donde se puede realizar una variedad de labores.

Como la preparación del terreno, la elaboración de abonos orgánicos, la elaboración de almácigos y trasplantes, los cuidados  y mantenimiento de los cultivos,  la cosecha y  utilización de los productos, la preparación de la cama de cultivo para un nuevo ciclo de cultivo.

Para la realización de la hortaliza escolar seleccionamos una porción de terreno cuyo tamaño debe de ser el adecuado para satisfacer la demanda de alimentos, una vez escogido el lugar procedemos a limpiarlo de las hierbas pasto, escombros y basura a fin de que no interfieran en el desarrollo de las plantas.

Una vez limpio el terreno procedemos a trazar las áreas de cultivo para nuestras plantas.

Los tipos de verduras que podemos sembrar son: cebollas, acelgas, lechugas, rábanos, betabeles, espinacas, zanahorias, habas, frijol, maíz, calabazas, tomate, jitomate, cilantro.

Estos cultivos se dividen en cultivos de otoño-invierno y primavera verano.

Estas plantas son muy importantes en la alimentación, debido a su alto valor nutritivo, principalmente en vitaminas y minerales, de aquí la importancia de tener un huerto familiar que permita tener productos frescos y de mejor calidad que los adquiridos en el mercado, además de que representan un ahorro en el gasto familiar.

Para la siembra y una vez limpio el terreno procedemos a aflojar la tierra con un simple excavado, esta labor la realizamos con instrumentos de jardinería como son palas, azadones, rastrillos, bieldo jardinero. Para delimitar las áreas utilizamos metro, mecate y estacas. También podemos agregar materia orgánica,  composta, para abonar y así tener un mejor resultado en nuestros cultivos.

El suelo es elemento fundamental del cual dependemos para que nuestro huerto tenga buenos rendimientos. El suelo es un ecosistema, es decir un conjunto de seres vivos que interactúan entre sí en equilibrio y armonía con su ambiente. En el suelo, conviven microorganismos como son bacterias, hongos, artrópodos, raíces, restos de plantas, partículas minerales, rocas y distintas cantidades de agua y aire. Los componentes del suelo pueden modificarse por eventos químicos (insecticidas) o mecánicos (la labranza) efectuados por los seres humanos o por las condiciones climáticas y físicas. Cuando el suelo se modifica en su estructura, se vuelve frágil a los elementos y al arado.
Una buena tierra tiene una mezcla de arena, limo, arcilla y materia orgánica, esta mezcla retiene humedad, pero no se queda empapada de agua, permite que el aire penetre y que se pueda drenar el exceso de agua.

Las verduras de la hortaliza son plantas pequeñas de rápido crecimiento, la mayoría de ellas se cosechan entre 30 a 150 días, debido a que algunas semillas son muy pequeñas, la siembra se realiza de dos formas; Directa en el suelo o en almácigos para Trasplante, éste se realiza cuando la planta tiene cuatro hojas y tiene un tamaño de 10 a 15 cm de altura o ya tiene un mes sembrada en el almácigo.

La siembra se realizó en almácigos  ya que de esta forma se ahorra semilla, agua, tiempo y trabajo. Los cultivos que se sembraron fueron cultivos de otoño-invierno  como son rábano, acelga, espinaca, betabel, cebolla, y lechuga.

Al estar las plantas desarrolladas es bueno arrimarle tierra a la base para proporcionarle soporte, y además debemos quitar toda la hierba ya que esta le resta nutrientes a nuestras verduras.

La cosecha depende de lo que sembremos, cuando las hortalizas están maduras tienen más valor nutritivo y no tienen mal sabor. Después de cosechar deben consumirse sobre todo las hojas comestibles, pues pierden su valor nutritivo con rapidez, se recomienda hacer los cortes de la cosecha en la mañana evitando las horas más calientes del día. Los frutos y la hojas se deben de cortar con cuchillo pues los desgarres hacen que pudra el tallo.

  • Acelga:
    Contiene vitaminas A, C y K. Es rica en minerales, especialmente el potasio, el calcio y el magnesio, por lo que se la considera útil para prevenir la osteoporosis. Aporta ácido fólico y flavonoides que ayudan a prevenir el cáncer. La acelga tiene propiedades laxantes y digestivas debido a su elevado contenido en fibra.

    Estas grandes hojas verdes contienen 91 por ciento de agua y mucha fibra, lo que las convierte en excelentes aliadas cuando se quiere bajar de peso. Además un solo vaso de ellas en tracitos, contiene la misma cantidad de calcio que un vaso de leche.

    Se suele consumir cocida y es recomendable que no transcurra mucho tiempo desde la cosecha al consumo ya que se pierden algunas vitaminas y flavonoides y la hoja adquiere un gusto ligeramente amargo.

    Se pueden acompañar con papas asadas para crear un plato nutritivo, también es posible cocinarlas con un poco de cebolla y ajo, incluso se pueden incluir cortadas en tiras en sopas de verduras.

    La acelga es una hortaliza de origen mediterráneo. Se tiene certeza que los griegos la utilizaban desde el siglo V a.C.


  • Betabel: El tubérculo del betabel es rico en potasio, ácido fólico y fibra. Ayuda a bajar la absorción del colesterol, baja la tensión arterial y, por lo tanto, disminuye el riesgo de enfermedades cardiovasculares.

    El color rojo característico del betabel es debido a la presencia de betanina, un pigmento natural de color muy intenso.

    Se consume rallada, cruda, hervida, al vapor o en jugos. Para evitar que pierda la coloración se hierve con piel. Es ideal para dar color y variedad a las ensaladas.

    Igual que la acelga, es originaria del mediterráneo.


  • Cebolla: La cebolla tiene un contenido muy amplio en nutrientes, vitaminas, fibra y sustancias fitoquímicas como flavonoides, que le confieren su gusto característico y propiedades medicinales.

    Se consume de muchas maneras, cocida, cruda, en conserva y como condimento de numerosos platos de carne, pescado o verduras.

    La cebolla es uno de los cultivos más antiguos de la cultura mediterránea.


  • Espinaca: Es una de las verduras con mayor contenido en vitaminas y antioxidantes por lo que tiene muchas propiedades buenas para la salud. Ayuda a prevenir enfermedades cardiovasculares, el exceso de colesterol y algún tipo de cáncer. Es muy buena para los huesos gracias a la buena relación entre el calcio y el fósforo.

    Su contenido en hierro no es tan elevado como se cree y gran parte está en una forma poco asimilable por nuestro organismo.

    Se consume fresca en ensaladas o también cocida. Aunque estamos muy acostumbrados a adquirirla en los comercios congelada su sabor es excelente si se consume en fresco.

    Es una planta originaria del sureste de Asia.


  • Lechuga: Se le atribuyen propiedades tranquilizantes. Es eficaz para tratar el insomnio y el nerviosismo. También se usa como antiinflamatorio para tratar quemaduras solares. Recomendable en caso de úlcera de estómago.

    Tiene un elevado contenido en vitaminas del complejo B, vitamina A y, en algunas variedades un contenido apreciable de vitamina C. En lo referente a minerales tiene un elevado contenido en potasio y un contenido interesante en Calcio.

    Se puede consumir fresca o cocida. El consumo en fresco es el más tradicional y se aconseja no cortar la lechuga mucho antes de consumirla pues se pueden perder algunas de las propiedades. Algunos autores sitúan el origen de esta verdura en las regiones templadas de Europa Oriental.  Ya era conocida por las antiguas civilizaciones romanas y griegas pero parece que fueron los egipcios los primeros en cultivarla. Actualmente es un cultivo muy extendido en todo el mundo.


  • Maíz: Es rico en hidratos de carbono y fibra, por lo tanto es una buena fuente de energía. También un cierto contenido en vitamina B, vitamina C y caroteno que son las sustancias que le dan el color característico de las diferentes razas. Es una planta originaria de zonas tropicales de Centroamérica. Ya era cultivada en la zona del actual México hacia el año 7000 a.C. El uso principal es el alimentario. Puede cocinarse entero o desgranado. Los productos a base de masa de maíz tienen participación importante en diversos platos como tortillas, tacos, enchiladas, chilaquiles, quesadillas, sopes, gorditas, etc.  El maíz fresco llamado elote se consume asado o hervido y con él se fabrican esquites, tamales de elote y sopa de elote, el maíz seco se usa para preparar pozole, pinole y pozol.


  • Rábano: Se le atribuyen propiedades diuréticas y antiescorbúticas, se dice que ayuda a aliviar la indigestión y las flatulencias y que se puede consumir como expectorante.

    Tiene un contenido bajo en calorías, niveles moderados de vitamina C y pequeñas cantidades de vitaminas del complejo B, hierro y fósforo.

    El rábano tiene un sabor picante característico debido a la presencia de aceite de mostaza en el tubérculo. Habitualmente se consumen los tubérculos frescos en ensaladas. También se pueden hervir o freír, especialmente los tubérculos de las variedades de ciclo largo, que son más largos y consistentes. Las hojas también son un alimento interesante como sustituto de las espinacas en una tortilla o en un plato de verdura.

    El rábano se encuentra representado en las pinturas de la pirámide de Keops. Se trata, por tanto, de una verdura conocida desde antiguo por las civilizaciones mediterráneas. También se sabe que esta hortaliza era cultivada en la antigua China. No parece claro, por tanto, cuál fue su origen exacto.”

 

Proyecto, reporte y fotos de:
José Gregorio Sanabria Luna
Promotor de Huertos Biointensivos
sanabrialujg@yahoo.com.mx

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